Encontramos un reto
Le damos mil vueltas
Probamos un camino
Fallamos
Caemos
Volvemos a probar
Fallamos
Caemos
Volvemos a probar
Abandonamos ante el miedo de volver a fallar
Nos deprimimos
Y... de repente... parece que todo empieza a cuadrar.
¿Cómo es posible?
Estamos tan obcecados en encontrar la solución y tener éxito a la primera que parece que se nos olvida que las grandes cosas nunca vienen solas. Es como cuando contemplamos una mariposa y abandonamos la idea de que en un principio tan sólo era un gusano; o cuando hundimos los pies en la suave arena de la playa sin ser conscientes que todo aquello no era más que tosca roca.
El trabajo es constancia, decepción y superación. Hay que probar y arriesgar (pero sin poner nada en peligro, sobre todo si quieres hacer una foto a un poste de alta tensión desde su interior). Sólo los valientes consiguen su verdadera meta.
Estábamos un día Fran Gómez y yo terminando un trabajo de macrofotografía y propuse ir a la Campita Verde (justo al lado del Colegio de Primaria Francisco de Goya), ya que se trataba de un camino de algo más que un kilómetro lleno de naturaleza y unas vistas preciosas. Hacia el final del trayecto hay un mirador desde donde se ve toda la ciudad de Almería, incluyendo toda la autovía. Me quedé mirando uno de los postes de alta tensión con todos esos cables que nutría de electricidad a mi barrio, y me sorprendió ver cómo ese amasijo de hierros formaban una estructura de lo más curiosa. Vi que entre el zigzag de los hierros había un hueco por donde perfectamente y sin ningún problema podría caber para hacer la foto justo desde el interior del poste.
- Ni se te ocurra meterte por ahí.
- Joder, ¿por qué no?
- ¿Porque no me apetece llevarte corriendo al hospital porque te hayas electrocutado?
- ¡Pero si quepo!
- Que no Mae, no seas tonta.
- Va, déjame la cámara que se me ha agotado la batería de la mía.
- Que no te vas a meter ahí dentro.
- Y dale... ¡que no lo voy a hacer!
- ¿Y cómo piensas enfocar y medir bien?
- Lo haré antes y haré un cálculo estimado... déjame la cámara, por favor.
- Mira que eres cabezona.
- Lo sé, déjamela.
Al final me salgo con la mía. Mido la luz y le subo un punto la exposición. Decido poner el AutoFocus ya que no puedo hacer el enfoque manual. Introduzco y estiro el brazo por uno de los huecos del poste y...
- Ten cuidaaaaaaado...
- ¡Shh!
Desplazo el brazo hasta lo que considero yo lo que es el centro del poste y ¡clic!
Como me diría un posterior cliente "La cabezonería te llevará lejos". Aunque no estoy para nada satisfecha de ese defecto mío, sí que debo reconocer que muchas veces mi cabezonería (que los más optimistas catalogarían de tenacidad) ha hecho que no me rindiera ante situaciones por las cuales mucha gente hubiera lanzado la toalla. A día de hoy, esta sigue siendo una de mis pocas fotos favoritas. No sé cómo hubiera salido la foto si me hubiese metido dentro del poste; quizá hubiera sido una de esas veces en las que mi "tenacidad" no me hubiera llevado por el buen camino. Así que he de agradecer a Fran Gómez que hubiera actuado como mi "Pepito Grillo".
Mae