En el fondo todos somos un poco ególatras y necesitamos la aprobación ajena para sentirnos bien con nosotros mismos y saber que estamos yendo por el buen camino.
Para mí, ése aliento de satisfacción llegó este verano cuando se me confió hacer fotografías para la decoración de un restaurante español en Heidelberg, Alemania.
Fue un momento de lucha en mi fuero interno. Siempre hay una vocecita en tu interior (y a veces en el exterior) que no deja de decirte que no lo lograrás, que vas a fracasar.
Trabajé durante varias semanas, estuve a punto de renunciar, tenía problemas por todos lados y me sentía completamente asfixiada. Es en esos momentos cuando uno se da cuenta de su verdadero valor y de su verdadera pasión.
En el momento en el que vi cómo mi obra de cinco metros de largo salía de la impresora y era enrollada para su posterior laminación no pide hacer otra cosa que llorar.
Recientemente he recibido propuestas de comprar la foto por otros clientes que han acudido al restaurante, y éso es algo que alimenta tu ego. Sin embargo lo que realmente llena y satisface es el estar orgulloso de ti mismo, pase lo que pase.
Mae

No hay comentarios:
Publicar un comentario